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Historia de la OK-terapia

La historia de la ortoqueratología está bastante indicada en el extraordinario estudio realizado por Helen Swarbrick (Clinical and experimental Optometry 89,3 May 2006, 124-143) que, a menudo, citaremos en esta sección.

La historia, sin confirmar, dice que en tiempos antiguos los chinos dormían con pequeños pesos y saquitos de arena en los párpados para reducir la miopía: el principio sin duda recuerda a la ortoqueratología moderna. Hace más de un siglo, cuando aparecieron las lentes de contacto de esclerales de cristal, el oftalmólogo francés Eugéne Kalt trató de cambiar la curvatura de la córnea en los pacientes con queratocono, utilizando lentes planas que presionaban sobre el ápex del cono.

Antes de la aparición de las lentes corneales, el cambio de la forma de la córnea con la ayuda de las lentes de contacto no era posible.

"Ortoqueratología “antigua”. Poco después de la aparición de las lentes de contacto corneales de polimetilmetacrilato (PMMA), en la década de los 50, los especialistas comenzaron a notar que a algunos pacientes les cambiaba la curvatura de la córnea y la refracción, especialmente si las lentes adaptadas eran planas. Morrison informo sobre más de mil jóvenes con miopía, que usaban ininterrumpidamente estas lentes de polimetilmetacrilato (PMMA) y no habían experimentado ninguna progresión de la miopía durante más de 2 años. Los investigadores atribuyen este efecto, en parte, al aplanamiento de la córnea inducido por las lentes de contacto. El cambio de la curvatura de la córnea y de la refracción, causado por el uso de estas lentes, les alentó a intentar corregir la miopía, aplanando al cornea mediante el uso de estas lentes de contacto.

El padre de la ortoqueratología moderna es, sin duda, George Jessen. En 1962, en el segundo Congreso de la International Society of Contact Lens Specialist celebrado en Chicago, dio una conferencia en la que, por primera vez, describió su técnica. A continuación, publicó dos artículos describiendo el método para reducir la miopía. A diferencia del concepto común de la selección de las lentes, Jessen eligió lentes convencionales de polimetilmetacrilato (PMMA) más planas y con refracción cero que conseguían aplanar la córnea en función del valor de la miopía. 

En esta situación, la visión se corrigió mediante la película de lágrima debajo de la lente, que tenía refracción negativa. Jessen también encontró que, después de retirar la lente, la córnea permanecía más plana y la visión del paciente mejoraba. Intentó utilizar este mismo principio con los pacientes con hipermetropía, utilizando lentes rígidas con mayor elevación, e informó haber tenido éxito. Jessen también sugirió las lentes de geometría inversa, con un centro plano y la periferia  relativamente más elevada, pero la capacidad técnica para producir este tipo de lentes con alta precisión y repetibilidad en ese momento no lo hacía posible. Sin embargo, en 1972, el doctor Héctor Fontana utilizó un enfoque similar para estabilizar la lente con una curvatura base  más plana en el diseño de su “caja bifocal” de Orto-K. Estas lentes eran muy difíciles de hacer, y resultaban relativamente gruesas e incómodas de llevar. A pesar de estas dificultades, Fontana informó de una reducción relativamente rápida de la miopía en 75 de 78 pacientes en el plazo de 6 semanas desde la fecha de la adaptación de las lentes. Fontana dijo que después de una serie de cambios de lentes con un aplanamiento progresivo de la curvatura base, tuvo éxito en la eliminación de la miopía de hasta 3,00 dioptrías.

Durante dos décadas, 1960 a 1980, un grupo de entusiastas, entre ellos Ziff, Nolan, May, Grant y Tabb, desarrollaron y perfeccionaron una técnica llamada ortoqueratología. El término lo acuñó Newton Wesley, maestro y socio de Jessen. En este momento se propusieron conseguir estabilizar la lente, que centraba mal debido al aplanamiento de la curvatura base.

El cambio gradual de la curvatura base en el aplanamiento de la córnea fue controlado paso a paso, así como el del diámetro de la periferia. Las lentes se ponían por la mañana y por la tarde, lo que permitió tener mejor visión durante la segunda mitad del día y, a veces, incluso más. El procedimiento, a menudo, se llevaba a cabo durante semanas o meses, y el resultado era impredecible. También se descubrió un hecho interesante: las lentes corregidas de manera abrupta podían causar el aplanamiento de la córnea cuando estaban bien centradas. La mayoría de los datos recabados durante este periodo temprano representan anécdotas clínicas, y la ortoqueratología no sería considerada una ciencia hasta la década de los 70. 

R. Kerns fue el primero en realizar un estudio clínico sobre la eficacia del uso de la fluoresceína en la adaptación de las lentes convencionales de polimetilmetacrilato (PMMA) adaptadas planas en ortoqueratología. En una serie de artículos publicados entre 1976 y 1978, describía un trabajo de tres años en los que comparó pacientes con miopía que usaban lentes de ortoqueratología convencionales de polimetilmetacrilato (PMMA) adaptadas planas con usuarios de lentes convencionales de PMMA con la corrección total, y usuarios de gafas. Se detectó una pequeña reducción de la miopía (en equivalente esférico) después de más de 300 días de uso de las lentes, en el grupo de ortoqueratología y en el de lentes convencionales (0,77±0,691D y 0,23±0,48D respectivamente). Los cambios refractivos en el grupo de ortoqueratología oscilaron entre una reducción de la miopía de 2,62D y su aumento previo de 1,00D. También informó de un aumento del astigmatismo directo en los pacientes de ortoqueratología (0,42D de media) debido a la descentración e inestabilidad de las lentes. Se dio cuenta de que, a causa del proceso ortoqueratológico, la córnea tenía tendencia a ser más esférica. Este era el punto final y el límite de la ortoqueratología. 

Durante los cinco años siguientes se publicaron tres artículos que presentaron estudios clínicos en el ámbito de la ortoqueratología diurna. En 1980 P. Binder publicó los resultados clínicos utilizando unos principios de selección de la lente, desarrollados por sus patrocinadores, los pioneros de la ortoqueratología, May y Grant.

El estudio realizado por Kerns se vio reducido porque muchos de los pacientes dejaron de usar las lentes: menos del 50% de los pacientes siguió usándolas después de 18 meses desde el momento de la adaptación. Después de este tiempo hubo una pequeña, pero precisa reducción: un promedio de 1.51±1.10D para la miopía moderada (de más de 2.50D en la adaptación) y sólo 0.39±0.99D para la miopía baja (de menos de -2.50D). Las lentes de polimetilmetacrilato del grupo control se adaptaron de la forma habitual, y se demostró una reducción de la miopía, la cual resultó dudosa debido a que un gran número de pacientes abandonó el tratamiento. Finalmente, los profesionales llegaron a la conclusión de que los resultados del procedimiento eran inestables y poco predecibles. También informaron sobre la aparición de un astigmatismo corneal (promedio de 0.82D) en el grupo de ortoqueratología y señalaron que los efectos de refracción eran reversibles y rápidos hasta alcanzar el nivel inicial después de interrumpir el tratamiento.

La investigación más importante de ese período, sin duda, fue el estudio de la Berkeley School of Optometry sobre ortoqueratología, publicado por Kenneth A. Polse y colaboradores en 1983, debido a su definición científica y elaboración de análisis de datos. Los sujetos fueron divididos de forma aleatoria en dos grupos: uno con lentes normales y el otro con lentes de ortoqueratología. Cada grupo constaba de unos 40 pacientes, aunque aproximadamente el 25% de ellos no completó el estudio. Después de 18 meses se detectó una disminución de la miopía en ambos grupos, pero en el grupo de ortoqueratología la reducción fue mucho más fuerte (1.01±0.87D contra 0.54±0.58D en el grupo de las lentes normales). También observaron la regresión del efecto después de interrumpir el uso de las lentes, en un plazo de tres meses. Durante este tiempo, alrededor del 75% del efecto se perdía. Polse y colaboradores llegaron a la conclusión de que la ortoqueratología tenía un efecto clínico limitado.

En el último estudio de esta serie, realizado por L. J. Coon en la Pacific University y publicado en 1984, se utilizó el método Tabb para seleccionar las lentes de ortoqueratología. Este método sugiere la adaptación de las lentes un poco más cerradas que el valor de la K más plana y cambió el diámetro de la zona óptica para conseguir el aplanamiento de la córnea y la reducción de la miopía. Los pacientes usaron las lentes de día durante 80 semanas. Hubo una pequeña reducción de 1.30±0.89D (de 0.25 a 5.00D) en el grupo ortoqueratológico, en comparación con 0.96±0.95D (de 1.25 a 3.35D) en el grupo de las lentes convencionales. Coon indicó que el uso de este principio proporcionaba un buen centrado de la lente, minimizando el astigmatismo de la córnea durante el procedimiento.

Las conclusiones arrojadas por los cuatro primeros fueron muy similares. No hubo una reducción promedio de la miopía estadísticamente significativa, y no variaba de los efectos obtenidos con las lentes rígidas convencionales, incluyendo la forma “clásica” (tabla 1). Los resultados clínicos sobre ortoqueratología sí variaron, pero eran previsibles. Los cambios en la refracción eran reversibles, por lo que era necesario el uso contínuo de una lente de “fijación” para mantener el efecto de refracción. Esto provocó cierta decepción, ya que el propósito de la ortoqueratología era reducir la miopía. Otro inconveniente fue el astigmatismo irregular de la córnea en algunos pacientes, debido a la inestabilidad de las lentes. Sin embargo, la técnica se catalogó como segura y no se reportaron complicaciones graves.

 “Ortoqueratología acelerada”. Durante el transcurso de la década siguiente a la publicación de estos estudios clínicos, surgió una “extraña” técnica que tenía cierto número de entusiastas seguidores, pero que no era compatible para la mayoría de los optometristas. Así fue hasta mediados de los años ’90, cuando coincidieron una serie de sucesos que volvieron a despertar el interés de los pacientes clínicos en este método de aplicación de lentes de contacto.

La ortoqueratología “antigua”  utilizaba herramientas relativamente sencillas, como el queratómetro/oftalmómetro, para realizar el seguimiento de los efectos de las lentes sobre la forma y curvatura de la córnea. A principios de la década de 1990, el desarrollo tecnológico y la reducción de costes pusieron la topografía computarizada a disposición de la práctica clínica. Esta compleja herramienta permitió realizar cambios en la forma de la córnea de los pacientes y ayudó con el diseño y elección de las lentes. Era  una valiosa ayuda a la hora de visualizar y medir los cambios que causaban las lentes, y para adoptar las medidas necesarias en caso de haber malos resultados. Hoy en día, practicar la ortoqueratología sin topógrafo se considera muy poco profesional.

En los comienzos de la ortoqueratología, el único material disponible para fabricar las lentes era el polimetilmetacrilato (PMMA). Este, debido a su impermeabilidad, provocaba hipoxia con los ojos abiertos. Aún no se había contemplado el uso nocturno. En la década de 1980 comenzaron a elaborarse activamente materiales permeables a los gases, y a finales de la misma había en el mercado una serie de polímeros con alta permeabilidad al oxígeno para la fabricación de lentes rígidas. Estos materiales garantizaron un buen aporte de oxígeno a la córnea, incluso con los ojos cerrados, y se empezaron a utilizar de forma segura y eficaz en las lentes de diseño convencional de uso contínuo. Pronto los especialistas se dieron cuenta de las ventajas evidentes de usar las lentes de ortoqueratología durante la noche y así empezó la ortoqueratología nocturna. Las lentes se ponían durante las horas en las que el paciente dormía y se retiraban por la mañana, poco después de despertarse. El objetivo de esta técnica fue y es proporcionar al paciente una buena visión sin corrección durante todo el día.

Por último, el tercer acontecimiento que hizo posible el nacimiento de la ortoqueratología fue la aparición de las máquinas de precisión por computación de coordenadas (tornos mecanizados) que permitieron fabricar lentes de geometría inversa, es decir, con mayor curvatura en la periferia que en el centro.

El mérito de la introducción de las lentes de geometría inversa en nuestro tiempo debe ser dividido entre Richard Wlodyga y Nick Stoyan. Estos pioneros describieron, a principios de los ’90, un nuevo diseño de lentes que produjo rápidos cambios en la refracción de la miopía (de días a semanas) sin los problemas relacionados con un mal centrado. Este nuevo enfoque, utilizando lentes de geometría inversa, recibió el nombre de “ortoqueratología acelerada” debido a la velocidad con que se producían los cambios en la forma de la córnea en comparación con la “ortoqueratología antigua”, con la que se necesitaban varios meses para lograr un cambio clínicamente significativo. Aún así, requirió un tiempo considerable lograr el resultado final. A menudo se exigía la sustitución gradual de las lentes por unas que ejercieran mayor presión, el máximo efecto se limitó a unas tres dioptrías. Las lentes de esta generación tenían tres zonas en la superficie posterior.

Ortoqueratología moderna. En esta etapa apareció la primera lente de 4 curvas, que inventó Thomas R. Reim. Esta lente tenía dos curvas inversas en la superficie posterior de la lente. Esta segunda curva adicional (como se describe por Reim) era una zona de alineamiento diseñada principalmente como una ayuda para el centrado.

La lente de la geometría inversa de 3 zonas  

 La lente de la geometría inversa de 4 zonas 

La zona de alineamiento permitía centrar la lente mucho mejor y a la vez, permitía lograr el resultado final. El límite fue de 4 dioptrías de miopía. Este enfoque se podría llamar “aceleración de la ortoqueratología acelerada”, puesto que antes se tardaba unas semanas en desarrollar el efecto y después unos días. La transición al uso de la lente por la noche hizo el resultado más predecible y preciso, ya que la lente nocturna, al estar inmóvil en la córnea, la aplanaba de manera más efectiva.

El desarrollo de los diseños de lentes de ortoqueratología anteriores dio lugar a un aumento de la cantidad de curvas en la superficie posterior hasta 5-6 y mejoró el moldeo de la córnea, así como a un incremento del resultado máximo hasta 6-7 dioptrías de miopía (incluso más, pero era un trabajo experimental). Además, en la primera década del 2000, aparecieron lentes de ortoqueratología para la corrección de hipermetropía y astigmatismo.

La ortoqueratología ganó seguidores y pacientes, y en el año 2002 se realizó el primer simposio mundial en el que participaron más de 500 delegados de 29 países de todos los continentes, incluyendo un representante de nuestra empresa. En este mismo año se formó la Academia Americana de Ortoqueratología. Por lo tanto, se puede decir que desde el año 2002 la ortoqueratología comenzó un movimiento progresivo de confianza en todo el mundo como un método de selección de lentes de algoritmos comprensibles y efecto claro, previsible y significativo. En 2012 se constituyó la Academia Europea de Ortoqueratología, de la que somos miembros.


 





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